Luis Cabezudo

Las cosas que pasan, lo que vemos y trabajamos, el dato, la opinión. Todo el tiempo que paso en un constante jadeo de circunstancias y responsabilidades.

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Las cosas que pasan, lo que vemos y trabajamos, el dato, la opinión. Todo el tiempo que paso en un constante jadeo de circunstancias y responsabilidades. 

El tiempo que sigue su curso sea cual sea y en el espacio relativo, cóncavo o convexo, haciendo que cada vez que miro en un lugar en que estoy, los ojos tienden a gastarse en la pérdida de visión periférica ó la aberración cromática ó el morado y el verde de ftalocianina (cloración del pigmento de ftalocianina de cobre que se introdujo en el mercado en 1938 por DuPont. Verde Monastral se hace con la misma base de ftalocianina como el azul Monastral pero se modifica por cloración) con el que intento pintar la luz de La Luna o el color del mar. Todo ello un bulto de paquetes que acabaré por hacer desaparecer.

Tomar conciencia de esta serie y de un término tan radical como “road kill” es un trabajo de meditación en el que ando en una cuerda floja, haciendo equilibrios desde muy temprana edad. Pintando y abstrayéndome de lo “importante”. 

Mis estudios y mi experiencia siguen -cada día y cada hora en cada instante y en este lugar- haciendo duda de certeza, silencio de tanto hablar y escribir -a veces- un desacertado texto con el que intento expresar el miedo, la incertidumbre y la falta de esperanza que provoca toda esta secuencia de química y disciplina desde la que veo como pasa esta vida en la que solo algunos momentos tengo claridad. Entonces pinto algo.

Leer es una disciplina sana que hace que después de unas páginas en las que el tiempo pasa y se abre una experiencia que alguien se ha tomado su energía en compartir, es revelador y -a veces- consigue despertar dentro de este envoltorio de cosas que soy, una conciencia.

La muerte y el atropello al que me veo empujado por la necesidad y para estar claro entre mis coetáneos, es un espinoso amorfo de cautela y atención.

Vives en un entorno aparentemente sano y lleno de posibles. Celebras cada momento raro de despertar con los sentidos y las necesidades cubiertas. Pero en el instante, todo es acelerado y la luz se oscurece y la respiración se colapsa. 

He matado la calma. He destruido la armonía y he destrozado ese ritmo de serenidad en el que se posan las horas. Tomo un momento para volver a la realidad. Pago un precio para contemplar la parcialidad de un todo en un ángulo y una perspectiva que parece modelada y construida y que tiene un significado. El título es Caligrafía de las Figuras.

Pero entre todos esos trazos que hago al escribir con mis brazos sobre un lienzo o un montón de arena pegada al papel y que despego cuando aún está fresca la sustancia que es medio de expresión -llámalo plástico o bronce fundido- surge un patrón que llamo errático. Porque define el nuevo objetivo de esta obra.

Leer un libro sobre los campos y abrir durante esta intensa lectura otro sobre meditaciones. Abrir el campo visual periférico a los cambios de luz según esta química cerebral hace que ponga más atención en una idea recién absorbida ó un pensamiento rápido.

Acerca de este escrito que se compone como una escritura automática que a veces es mejor no compartir. Queda tanto por callar, tanta luz por disipar, tanta armonía disruptiva y tantos olores rancios que disfrutar, matices que combinar.

Leer algo es siempre una anotación para que las cosas obvias horribles en las que participamos tengan un hueco en la comprensión de otros. La maldad y la agresión que permitimos. El conocimiento y la transmisión. Esta es la única dirección en la que el trabajo diario -casi siempre desapercibido por otros- cree una trayectoria. 

Entre tanto puedo asistir a que la serie de road kill ayude a otros -pero sobre todo a mi- a permanecer atento a tanto atropello, tanta aceleración y tan poca empatía en las vidas de otras especies, luces, energías, creencias y espacios que aún no se pueden nombrar, pero que tienen espacio. Porque según un hombre que sabe y que se tomó el tiempo de escribirlo “hay espacio para todo”.